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    December 08

    Como trabajamos!!!

    jajaja, el siguiente video fue grabado en el EVAPLAN (Evaluacion del 2007 y Planeacion del 2008) de la Pastoral de Adolescentes y Jóvenes de la Diocesis de Tepic, se muestra como nos dejan encerrados a Noemi, a Jazil y a Mi =(. Y aparte de todo se burlan jeje. Espero que lo disfruten.
     
     
      
    November 28

    Fin del primer capítulo

    1.8  Jeremías

     

    El nombre Jeremías significa: "Dios me eleva". Vivía en Anatot,  un pueblecito cercano de Jerusalén (a 5 kilómetros) en la finca de sus padres, cuando fue llamado por Dios a profetizar. Jeremías se resistía aduciendo como excusa que él era demasiado joven y débil para este oficio tan importante y Dios le respondió: "No digas que eres demasiado joven o demasiado débil, porque Yo iré contigo y te ayudaré".[1]

    Los primeros 17 años profetizó solo por medio de la palabra hablada. Después empezó a dictar sus profecías a su secretario Baruc, y lo que le dictó son los 52 capítulos del Libro de Jeremías en la Biblia.

    Empezó a profetizar durante el reinado del piadoso rey Josías (año 627 antes de Cristo). Siguió profetizando durante los reinados de Joacaz, Joaquín, Jeconias y Sedecías. Presenció la destrucción de Jerusalén y su templo (año 585 antes de Cristo) y se quedó en la ciudad destruida consolando y corrigiendo a los israelitas que allí habían quedado. Estos lo obligaron luego a irse con ellos a Egipto y allá lo mataron a pedradas porque les corregía sus maldades. Quizás Jesús pensaba en Jeremías cuando decía: "Oh Israel que apedreas a los profetas que te son enviados"[2] .

    El principal problema para Jeremías fue que la gente no lo comprendió ni le quiso hacer caso. De los cinco reyes en cuyo tiempo tuvo que vivir, sólo uno le hizo caso: fue el piadoso rey Josías, que se propuso restaurar la religiosidad en todo el país y se dejó ayudar de Jeremías para entusiasmar al pueblo por Dios. Pero los otros cuatro lo despreciaron y no quisieron atender a los avisos que él les deba en nombre de Dios (como hacen los gobernantes de ahora cuando los obispos les advierten acerca de las leyes dañosas que apoyan el aborto, el divorcio, la inmoralidad, y el quitar la religión de la enseñanza. Se hacen los sordos. Pero después, como les sucedió a los reyes malos del tiempo de Jeremías, verán los malos efectos de no haber querido obedecer a Dios que habla por medio de sus enviados).

    El rey Joaquín quemó las profecías que había mandado escribir Jeremías, y este tuvo que hacerlas escribir otra vez. En tiempos del rey Sedecás encarcelaron al profeta y lo metieron en un pozo muy profundo lleno de lodo, y casi se muere allí, y probablemente ese estarse allí en tan grande humedad debió afectarle mucho la salud.
    Muchísimas veces fue amenazado de muerte si seguía profetizando en contra de la ciudad y los gobernantes. Pero Dios le anunció: "Te haré fuerte como el diamante si no te acobardas. Pero si te dejas llevar por el miedo, me apartaré de ti". Y Jeremías no se acobardó y siguió predicando.

    El oficio de este profeta era anunciar al pueblo y a sus gobernantes que si no se convertían de sus maldades tendrían espantosos castigos y la ciudad sería destruida y ellos muertos o llevados al destierro. Esto lo gritaba él continuamente en el templo y en las calles y plazas. Pero la gente se burlaba y seguían portándose tan mal como antes.

    Muchas veces Jeremías clamaba a Dios diciendo: "Señor, estoy cansado de hablar sin que me escuchen. ¡Todos se burlan de mí! Cuando paso por las calles se ríen y dicen: ‘Allá va el de las malas noticias’. ¡Miren al que regaña y anuncia cosas tristes! Señor me propongo decirles cosas amables y Tu en cambio pones en mis labios anuncios terroríficos!".

    Dicen que el profeta Jeremías fue en la antigüedad el que más se asemejó a Jesús en sus sufrimientos y en ser incomprendido y perseguido. Solamente después de su muerte reconoció el pueblo la gran santidad de este profeta. Y cuando todas sus profecías se hubieron cumplido a la letra, se dieron cuenta de que sí había hablado en nombre de Dios. Lástima que lo reconocieran cuando ya era demasiado tarde.

    Jeremías simboliza a los jóvenes incansables, a los jóvenes que a pesar de las dificultades no se rinden y confían siempre en su Señor.

     

    1.9  Rut

     

    El libro de Rut cuenta la historia de una familia judía que por hambre tuvo que emigrar al extranjero, a Moab, y allá murió el marido y los dos hijos varones, ya casados con moabitas. La madre, Noemí, decide volver a su tierra, pero ruega a sus nueras que se queden ellas en Moab[3]. Pero Rut le responde con firmeza: “No me obligues a dejarte yéndome lejos de ti, pues a donde tu vayas, iré yo; y donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, allí también quiero morir yo y ser enterrada. Que el Señor me castigue como es debido si no es la muerte la que nos separe”[4].

    Rut, simboliza la fidelidad en los jóvenes, que cuando se comprometen en una causa,  son capaces de renunciar a todo, para seguirla.

    Que Dios nos siga dando jóvenes como Rut y que nos permita ser tan fieles como ella lo fue.

     

    En este capítulo tratamos de algunos jóvenes que aparecen en el Antiguo Testamento, jóvenes que colaboraron con Dios para la realización de su Plan de Salvación.



    [1] Jer 1,7

    [2] Lc 13, 34

    [3] Rt 1,9

    [4] Rt 1, 16-17

    Tesis

    1.6  David

     

    David, hijo de Jesé, nació en Belén durante la segunda mitad del siglo XI a.C.

    Su vocación transcurre a partir de las más puras raíces bíblicas. Cuando Dios lo llama es aun jovencito, despreciado por sus hermanos y aun por su propio padre. El profeta Samuel, designado por Dios para consagrarlo, se fija con avidez en la fortaleza y buena presencia de los otros hijos de Jesé. Pero Yahvé le advierte ante cada uno: “No mires su apariencia ni su gran estatura, porque lo he descartado. Pues la mirada de Dios no es la del hombre; el hombre mira mas las apariencias, pero Yahvé mira el corazón”[1]. Ninguno de los que Samuel elegiría es el elegido por Dios. El elegido es el hermano pequeño que está en el campo guardando las ovejas de la familia. Parece que a Dios le gusta seleccionar a los ausentes y pequeños. Poco después entra al servicio del rey Saúl como músico para aplacar su espíritu atormentado[2]. Y se afianza su prestigio cuando, con su honda de pastor, puesta su confianza en Dios, derrota al gigantesco filisteo Goliat, equipado a la perfección[3], con lo que fue alcanzando, poco a poco, una gran popularidad[4], que le acarreó el odio y la persecución a muerte por parte del rey.

    A la muerte de Saúl, después de varias intrigas, se convierte en rey de Judá primero, después de Israel y de diversos otros reinos que va conquistando después.

    Con gran habilidad política escogió como residencia a la ciudad cananea de Jerusalén, recién conquistada, a la que nombró capital de su amplio reino. Allá traslado el arca de la alianza, con lo que pasó a ser la capital religiosa también[5].

    David nos enseña que, para Dios lo que importa es el corazón y no las apariencias, nos enseña que es necesario aprender a confiar en todos los jóvenes y no solo en aquellos que parezcan mas aptos para realizar algunas cosas, David, en la pelea contra Goliat, es reflejo también de que los jóvenes pueden vencer los obstáculos, por mas grandes que estos sean.

     

    1.7  Josías

     

    Tenía solo ocho años cuando lo sentaron en el trono[6]. El joven Josías heredaba una larga tradición de corrupción y sincretismo. Pero celosamente puso en marcha una serie de medidas fuertes para realizar una profunda reforma religioso-moral, soñando restaurar el esplendor de Israel. Tenía 16 años cuando con decisión suprime todos los sitios destinados a cultos idolátricos (2 Re 23,4-7); y monopoliza en Jerusalén el culto a Yahvé, con lo que pretendía conseguir la unidad religiosa en el país[7]. Durante su reinado el poder de Asiria se fue debilitando hasta llegar a morir del todo. Poco a poco se liberan de los impuestos asirios y van consiguiendo una independencia total. Así es como pueden recuperar los territorios del antiguo reino del norte, Israel, largamente ocupados por los asirios.

    Su bisabuelo Exequias, en su intento de reforma, sólo había conseguido la destrucción de santuarios idolátricos. Josías se da cuenta de que ello no basta y es necesaria la implantación de normas positivas y detalladas que renueven el sentido popular. Para ello le sirvió muchísimo el descubrimiento de “el Libro de la Ley” en el año 622 a.C., 18 de su reinado. Las personas que voluntariamente estaban restaurando el templo de Jerusalén encontraron un polvoriento libro que parecía ser el núcleo de lo que hoy llamamos el Deuteronomio. El libro es leído en presencia del rey[8] y éste se siente conmovido y se entusiasma con él, en el que ve una confirmación y orientación de sus proyectos. Después de consultar con la anciana profetisa Juldá[9], Josías realiza una gran asamblea y una Pascua solemne para celebrar y explicar al pueblo los deseos de Dios expresados en aquel libro.

    Josías representa al joven que, cuando se lo propone, es capaz de cambiar todos los ambientes en los que se mueve (la sociedad, la escuela, su familia, sus amigos) para que sean lugares en los que reine Dios y sea mas confortable desarrollarse en ellos.



    [1] 1 Sam 16,7

    [2] 1 Sam 16, 4-23

    [3] 1 Sam  17,12-51

    [4] 1 Sam 18,12-16; 25-30

    [5] 2 Sam 5-6

    [6] 2 Re 22,1

    [7] 2 Re 23,8-14

    [8] 2 Re 22,10

    [9] 2 Cró 34,22-28

    November 19

    Otros dos personajes

    1.4  Josué

     

    Moisés fue el líder que puso en marcha el primer paso del proyecto de Dios: la liberación del que iba a ser su pueblo. Josué, su discípulo, se encargó de llevar a la práctica la parte positiva del proyecto: la conquista y el reparto fraterno de la tierra.

    El joven Josué tuvo la suerte de vivir al lado de un hombre grande, soñador de libertades y conductor de pueblos. Junto a él se esforzó en asimilar fielmente sus experiencias y sus ideales. Sintió de cerca la experiencia viva de Dios que tuvo su maestro. Lo acompañó al cerro en el que se le aparecía Dios[1] y en la tienda en la que su maestro hablaba amigablemente con su Dios[2]. Ello lo marcó para toda su vida.

    Moisés, al sentirse morir, invitó a su joven discípulo a confiar siempre en Yahvé, con valentía y firmeza, para poder cumplir la tarea que le encomendaba[3]. Y el mismo Dios, después de la muerte de Moisés, se encarga de remarcarle a Josué su vocación.[4]

    Es de destacar la insistencia de Moisés y de Dios en darle ánimo: “Sé valiente y firme… No temas, ni te desanimes… Llegó para ti la hora… Esfuérzate y sé valiente. No temas ni te asustes…” Es que la misión que se le encomendaba era difícil y arriesgada. No solo tenía que conseguir tierras y repartirlas fraternalmente, sino lograr implantar todo un nuevo sistema de ser pueblo, que asegurara leche y miel para todos. Y para ello no había modelos que copiar, lo único que tenían por delante era un antimodelo: Egipto. No querían tener ejército permanente, ni reyes, ni sacerdotes poderosos.

    Josué, siempre fiel a Moisés y a su Dios, fue llevando poco a poco a la práctica, con realismo y valentía, estos proyectos y esperanzas. Su corazón fue valientemente arriesgado para creer, como Moisés, en las promesas de Yahvé. Pero su fidelidad no fue cuadriculada sino libre, espontánea y creativa. Su experiencia de Dios, profunda y personal, le lleva a interpretar su voluntad a partir de las necesidades de su pueblo. La historia de la caída de las murallas de Jericó[5] simboliza su fe inquebrantable en que el triunfo llega sólo para los que tienen la osadía de creer que las promesas de Dios se cumplen aunque parezca imposible. El poderío de la ciudad, que confía en sus murallas, no es nada en comparación con el poder del pueblo que pone su confianza sólo en Yahvé.

    Josué es muestra de todo lo que son capaces los jóvenes si tan solo se les da un poco de confianza, es necesario saberles discipular, tal como lo hizo Moisés, así como también resulta necesario ser congruentes entre lo que se dice y lo que se hace, porque, así como Josué aprendió de Moisés estando con él, así también los demás jóvenes pueden aprender de nosotros si tenemos esa congruencia.

     

    1.5  Samuel

     

    Samuel, último juez[6] y primer profeta[7] (siglo XI a.C.) constituye una figura importante de transición, pues vive en un momento decisivo para la historia de Israel.

    Dios escuchó el clamor de su madre Ana, que era estéril[8] y le responde fecundando con su amor la semilla de la vida, de donde brotó Samuel. Nació como fruto de una profunda oración, fruto de la gracia y del amor de Dios; y todavía tierno, lleno de inocencia, su madre lo presentó y consagró a Dios[9].Con Samuel se inaugura la figura de los profetas como transmisores de la palabra de Dios a su pueblo. “La Palabra de Dios era escasa en aquellos días”[10] pues no había quien la escuchara. Siendo aun joven, Dios le llama por su nombre repetidamente[11]. Cuando se da cuenta que Dios quiere hablarle y él se decide a escucharlo, lo siente a su lado: “Yahvé entró, se paró a su lado y le llamó de nuevo”[12].

    La actitud fundamental de Samuel es la de escucha de la palabra de Dios: “Habla Señor, que tu siervo escucha”[13]. En esta primera ocasión Dios confía una misión importante a este joven[14]. Lo elige y confía en él. Samuel tendrá una gran influencia en Israel. Anunciará la destrucción del santuario de Silo. Ungirá a los dos primeros reyes de Israel, primero a Saúl y después a David. La Biblia lo considera como un juez, un liberador, pero también como un profeta.

    Samuel representa al joven que, con la ayuda del sacerdote Helí, aprende a escuchar a Dios y a responderle, es curioso que Dios haya preferido revelársele a un joven en lugar del anciano Helí, pero Dios elige al insignificante ante los hombres para confundir a los poderosos. Ojala que aprendamos a ser como el sacerdote Helí para los jóvenes a los que servimos y los podamos ayudar a responder al llamado de Dios.



    [1] Ex 24,13

    [2] Ex 33,11

    [3] Deut 31, 7-8.23

    [4] Jos 1, 2. 5-9

    [5] Jos 6, 1-16

    [6] 1 Sam 7,15

    [7] 1 Sam 3,20

    [8] 1 Sam 1

    [9] 1 Sam 2,11

    [10] 1 Sam 3,1

    [11] 1 Sam 3,4-10

    [12] 1 Sam 3,10

    [13] 1 Sam 3,10

    [14] 1 Sam 3,13

    November 18

    Vuelvo a mi tesis

    1.2  Isaac

     

    El hijo de Abraham y Sara nacido probablemente en Bersebá[1] cuando su padre tenía 100 años y su madre algo más de 90[2].

    Cuando Dios dio la promesa de que Sara tendría un hijo, Abraham, incapaz de creerlo, se puso a reír[3]. Más tarde, al oír la misma promesa dada por un extraño que se había detenido en sus reales, Sara se rió también de incredulidad[4]. Después del nacimiento del niño, reconoció gozosa que Dios le había dado motivos para reír, tanto a ella como a sus amigas, pero con risa de alegría[5]. Como recuerdo de estos acontecimientos, Abraham lo llamó Isaac, «él ríe»[6]. Fue circuncidado al octavo día[7].

    Isaac, el hijo de la promesa y heredero legítimo, gozaba de mayores privilegios que Ismael, hijo de Abraham y de la esclava[8].

    El relato dominante en la narración, que constituye uno de los episodios más conocidos de la Biblia, es la del proyectado sacrificio de Isaac[9]. Según esta historia, Dios quiso probar la fe de Abraham ordenándole que sacrificara a su amado hijo. En último momento, tras quedar Dios convencido de la incondicional obediencia de ambos, padre e hijo, aceptó un carnero en lugar del joven. Se cree que este relato expresa el rechazo de los hebreos a los sacrificios humanos, practicados por las naciones vecinas.

    El Nuevo Testamento alude a Isaac como precursor de Cristo y de la Iglesia[10]; la obediencia de Isaac a su padre, hasta el punto de estar dispuesto a la inmolación, se asocia con la de Cristo[11].

    Isaac es pues, reflejo de obediencia de un hijo hacia su padre, muestra como el joven, al estar dispuesto y convencido de lo que hace, es capaz de realizar la voluntad de Dios sin tener en consideración el precio. Roguemos para que Dios nos siga dando la oportunidad de trabajar con muchos jóvenes como Isaac, y que a nosotros nos siga moldeando para llegar a ser también como él.

     

    1.3  Moisés

     

    Si para ser padres de un pueblo Dios había elegido a una pareja de ancianos estériles, para ser liberador de ese mismo pueblo Dios elige a un joven prófugo: Moisés. Observemos algunas de las actitudes que Moisés toma ante el llamado de Dios:

    Cuando Moisés siente la presencia de Dios en la zarza ardiendo, está dispuesto a todo: “Aquí estoy”[12]. Es fácil seguir a un Dios que realiza actos espectaculares. Pero cuando ese mismo Dios le pide comprometerse con sus hermanos, a quienes él había abandonado, entonces a Moisés se le oscurece todo. Hay cinco respuestas de Moisés al llamado de Dios, en las que podemos ver nuestra actitud ante los compromisos que nos pide Dios también a nosotros:

    1ª excusa: Yo no sirvo. “¿Quién soy yo para ir donde Faraón?”[13]  Dios responde: “Yo estoy contigo”[14]. Es verdad que Moisés no parecía el más indicado para ésta misión, pues era muy conocido en la corte del Faraón y estaba condenado a muerte por haber matado a un guardián. Pero la esperanza no estribaba en sus cualidades humanas, sino en la compañía del mismo Dios.

    2ª excusa: Yo no sé nada. No conozco ni siquiera el nombre del Dios que me envía[15]. Dios le explica su nombre: “Así dirás al pueblo de Israel, YO SOY me ha enviado a ustedes”[16]

    3ª excusa: “No me van a creer…”[17]. Moisés piensa, con razón, que su pueblo no va a  querer ni escucharlo, pues los había abandonado en el momento más crítico y nunca había vuelto. Pero Dios sigue insistiendo.

    4ª excusa: “Yo nunca he tenido facilidad para hablar”[18]. Respuesta de Dios: “Yo estaré en tu boca”[19].

    5ª excusa: “Por favor Señor, ¿Por qué no mandas a otro?”[20]. Dios: Si, te doy un compañero, pero tu tienes que estar al frente.

    Las excusas de Moisés no son solo excusas. Él tiene sus razones humanas para no querer comprometerse, pero el apoyo de Dios le capacita para la misión que le encarga.

    No entraremos mas en detalles con Moisés, si queremos saber que más paso, basta con leer el libro del éxodo, aquí lo que es importante rescatar es que, siendo Moisés joven, Dios le llama para pedirle que libere a su pueblo, y como lo pudimos constatar en las líneas anteriores, Moisés pone excusas. ¿Cuántas veces nosotros como agentes no hemos puesto excusas similares a las que puso Moisés? O ¿Cuántas veces no lo han hecho nuestros jóvenes? Es de suma importancia dejar que Dios actúe y que sea Él nuestro apoyo, y de vez en cuando ser el Aaron de nuestros jóvenes, para ayudarlos a asumir su protagonismo.

    Aunque muchas veces ni siquiera el joven confíe en si mismo, Dios si confía en el y para eso le ha puesto medios, es necesario aprender a utilizarlos y apoyarse en ellos.



    [1] Gn 21, 14-31

    [2] Gn 17,17; 21,5

    [3] Gn 17, 17-19

    [4] Gn 18, 9-15

    [5] Gn 21, 6

    [6] Gn 21, 3

    [7] Gn 21, 4

    [8] Gn 17, 19-21; 21,12

    [9] Gn 22

    [10] Gal 3, 16; 4, 21-31

    [11] Heb 11, 17-19

    [12] Ex 3,5

    [13] Ex 3,11

    [14] Ex 3,12

    [15] Ex 3,13

    [16] Ex 3,14

    [17] Ex 4,1

    [18] Ex 4,10

    [19] Ex 4,13

    [20] Ex 4,14

    October 24

    Continuación de mi Tesis

     
    Bueno, aquí pongo el primer punto de mi tesis, omití los objetivos generales y específicos, así como la justificación por cuestiones de espacio, asi que aquí les dejo el primer punto llamado:
     

    1.1  El Dios de la Vida cuenta con los jóvenes para su Plan de Salvación[1]

     

    Un breve recorrido por la historia de la salvación, permite ver cómo Dios contó con los jóvenes para ir constituyendo su pueblo y para que colaboraran con él en su acción liberadora.

     

    Isaac, “el hijo de la promesa” tuvo que pasar por la prueba de confiar plenamente en su padre Abraham hasta dejar la propia vida en sus manos[2]. Yahvé recompensó su fe y su disponibilidad y por él y sus descendientes, la promesa se siguió haciendo realidad hasta su pleno cumplimiento.

     

    Moisés, perseguido desde su mismo nacimiento, fue llamado por Dios para ponerse al frente del pueblo de Israel en su salida de Egipto y en su marcha por el desierto hacia la Tierra Prometida[3]. Su valor y su compromiso con la liberación de su pueblo no hicieron desaparecer sus miedos y sus crisis para responder a ese llamado, pero el encuentro personal con él junto a la zarza ardiente[4] le transformó la vida y lo convirtió en un líder valiente y decidido.

     

    Para suceder a Moisés, Dios eligió al joven Josué y lo puso al frente de su pueblo para que lo condujera en el momento decisivo de la entrada a la Tierra Prometida[5].

     

    Llamó a Samuel desde muy joven para confiarle su misión. Al comienzo, no le fue fácil interpretar con claridad el origen del llamado, pero la actitud orientadora del anciano Helí, le ayudó luego a descubrir su voz y a disponerse para responder con docilidad: “habla, Señor, que tu siervo escucha”[6].

     

    Le ordenó ungir como rey a David, después de haber sido olvidado y no tenido en cuenta entre sus hermanos por ser joven y estar cuidando ovejas[7]. En la lucha con Goliat[8], Dios mostró cómo protege la vida de los jóvenes cuando son capaces de arriesgarla por la defensa de su pueblo. A los ojos humanos, la victoria de David fue la victoria del débil frente al poderoso; pero en la mirada de Dios, fue la victoria de quien puso sólo en él su confianza, de quien tomó en serio el compromiso de servirlo a él por encima del poder de los ídolos y de las armas. Elegido por Dios, su vida no escapó a la condición de pecador[9] como no escapan tampoco a las tentaciones los jóvenes protagonistas elegidos por Dios en el mundo de hoy.

     

    Cuando la monarquía cayó en decadencia, eligió como rey a Josías, un joven de apenas dieciocho años, y le encomendó la tarea de emprender con coraje y valentía una audaz reforma de la organización social y de la vida religiosa que llevara al pueblo a volver “con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas” al cumplimiento de la ley de Yahvé y a las exigencias de la alianza[10].

     

    En plena edad juvenil, llamó a Jeremías a una difícil misión profética[11] que tuvo que asumir con la incertidumbre de actuar en una situación de violencia e injusticia social y con el miedo propio de la responsabilidad que se le había confiado. La cumplió con muchas dificultades y los problemas pusieron a prueba su perseverancia[12]. Nunca se alejó del pueblo y se sintió partícipe de su dolor y de su situación de crisis[13]. Sufrió profundamente al darse cuenta de que su presencia y su palabra creaban contiendas en todo el país. No siempre entendió la razón de su sufrimiento, dudó en medio de su soledad y hasta llegó a pensar en rebelarse contra Dios. Pero la crisis no lo desanimó sino que, por el contrario, lo hizo crecer en su capacidad de optar con libertad por el proyecto de Yahvé[14] y de estar disponible como el jarro moldeado por el alfarero[15].

     

    En la historia de Rut, la joven mujer extranjera, mostró cómo Dios premia a quienes abandonan todo por seguir al pobre y al necesitado[16] y a quienes luchan a favor de la dignidad y del derecho de todos a la tierra y a la descendencia.

     

    Cuando su pueblo estuvo sometido a la dominación de reinos extranjeros, eligió a mujeres jóvenes, generosas, decididas y llenas de confianza en él, para conducirlo a la liberación y reavivar su fe en el cumplimiento definitivo de la promesa. Dejando de lado sus comodidades y su vida tranquila[17]; superando la desconfianza, la apatía y la falta de fe de sus compatriotas[18], Judith asumió la defensa de su pueblo hasta enfrentar y vencer a Holofernes[19]. Elegida providencialmente para ser reina[20], Esther no se olvidó de su pueblo, tuvo valor para tomar decisiones difíciles y defenderlo en momentos importantes[21] y fue capaz de pedir “la vida para mí y para mi pueblo”[22] cuando el rey le ofreció hasta “la mitad de su reino”[23].

     

    Con la confianza puesta en el Dios de la Vida que los “resucitará para una vida eterna”[24], los siete jóvenes hermanos macabeos -animados por su madre- enfrentaron la tortura y la muerte por luchar contra las imposiciones de la cultura dominante y por defender hasta el final los valores y las tradiciones de su pueblo.

     

    Como pudimos observar en este punto, en el Antiguo Testamento encontramos historias de jóvenes de los cuáles se valió Dios para ir realizando su Plan de Salvación.

    En los siguientes puntos veremos a algunos de esos jóvenes pero profundizaremos un poco más en sus personas.

     

     

     



    [1] Capítulo tomado íntegramente del libro: Civilización del Amor, Tarea y Esperanza de la SEJ del CELAM

    [2] Gn 22,1-18

    [3] Ex 3, 7-14

    [4] Ex 3, 1-6

    [5] Dt 31,3

    [6] 1 Sam 3, 1-21

    [7] 1 Sam 16, 1-13

    [8] 1 Sam 17, 4-50

    [9] 2 Sam 11, 1-25

    [10] 2 Re 22-23

    [11] Jer 1,6

    [12] Jer 11, 18-23

    [13] Jer 10, 23-25

    [14] Jer 20, 7-11

    [15] Jer 18, 1-6

    [16] Rt 1, 16

    [17] Jdt 8, 7

    [18] Jdt 8, 9-17

    [19] Jdt 10-13

    [20] Est 2, 17

    [21] Est 4,14

    [22] Est 7,3

    [23] Est 7,2

    [24] 2 Mac 7, 1-42

     
     
    September 23

    Mi tesis: "El Protagonismo Juvenil en las Sagradas Escrituras"

    PRESENTACION

     

    “Los jóvenes cristianos están llamados a ser profetas y testigos del Reino en América Latina,  a ser protagonistas y constructores de la nueva Civilización del Amor.”[1]

     

    “¡Joven, levántate! Ten fe en la paz, ardua tarea, tarea de todos. No caigas en la apatía frente a lo que parece imposible. En ti se agitan las semillas de la vida del mañana. El futuro de la justicia y de la paz pasan por tus manos y surgen desde lo más profundo de tu corazón. Sé protagonista en la construcción de una nueva conciencia, de una sociedad más justa, sana y fraterna”[2]

     

    En las dos lecturas anteriores encontramos una gran similitud, ambas hablan de construir una sociedad más justa, sana y fraterna, o lo que es lo mismo, construir la civilización del amor, las dos hablan de los jóvenes y su llamado, pero, lo más importante, las dos invitan al joven a ser protagonista.

     

    Pero, ¿Qué significa ser protagonista?, la Real Academia de la Lengua Española nos da dos significados:

    1. com. Personaje principal de la acción en una obra literaria o cinematográfica.

    2. com. Persona o cosa que en un suceso cualquiera desempeña la parte principal.

    Es decir, el joven debe de ser el que desempeñe la parte principal en la tarea de construir la civilización del amor, como nos lo narra el evangelista Juan, en aquella tan famosa primera multiplicación del pan:

     

    “Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero, ¿Qué es esto para tanta gente?»  Jesús les dijo: «Hagan que se sienten los hombres». Pues había mucho pasto en ese lugar. Y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió a todos los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados y todos recibieron cuanto quisieron. ”[3]

     

    En este texto leemos uno de los milagros más famosos de Jesús que con solo cinco panes y dos peces le dio de comer a una multitud de cinco mil hombres sin contar mujeres ni niños, pero, centremos nuestra atención en el muchacho que dio esos  panes y esos peces, que dio todo lo que tenía en ese momento, no le importó quedarse con las manos vacías con tal de ayudar a Jesús y a sus discípulos, el no sabia que Jesús haría un milagro, sino que la entrega que hizo, la hizo de corazón.

     

    Las preguntas que ahora surgen son: ¿Cómo hacer para que el joven entregue lo que tiene de corazón? ¿Como hacer para que nuestros jóvenes ayuden a los discípulos a seguir construyendo el Reino de Dios, la Civilización del Amor? ¿Cómo fomentar en nuestras comunidades juveniles ese protagonismo del que tanta gente habla? La respuesta es fácil, para fomentar el protagonismo juvenil en nuestras comunidades debemos de aprender del Maestro de Maestros, y que mejor manera de aprender de Él que leyendo su Palabra, en la cual descubrimos algunos jóvenes que Él eligió para formar parte de su plan de salvación, cada uno con sus anhelos y miedos, con sus esperanzas e ilusiones pero también con sus temores y barreras.

     

    Eso es lo que se pretende con este trabajo, hacer un recuento de esos jóvenes que aparecen en la Biblia que son importantes en la historia de la salvación, para que, estudiándolos, veamos reflejados en ellos a nuestros jóvenes y descubramos de lo que son capaces cuando asumen su protagonismo.

     

    Tepic, Nayarit, Junio del 2007.



    [1] SEJ CELAM, Civilización del Amor, Tarea y Esperanza, p. 142

    [2] Juan Pablo II a los jóvenes chilenos, Santiago, 2 de abril de 1987.

    [3] Jn 6,8-11.